Oyó los gritos desde el otro lado de la calle — ¡Por favor, no me pegue! ¡No me pegue más!— El Superhéroe corrió raudo a la ayuda del necesitado mientras seguía escuchando las voces de auxilio. Esperaba llegar antes de que fuese tarde. Al fondo veía las sombras de dos figuras, una de pie dando golpes y otra medio tendida en el suelo protegiéndose de ellos. Apretó el paso todo lo que pudo, dudaba de llegar a tiempo. La figura del suelo seguía pidiendo auxilio ante la tanda de golpes que se estaba llevando. Cuando llegó a la escena del crimen su sorpresa fue mayúscula. En el suelo, un hombre con moratones en la cara y sin suficientes brazos para poder taparse los embates. De pie, una señora mayor que no paraba de darle con el bolso. El Superhéroe se quedó patidifuso, no sabía cómo digerir aquello ¿Qué leches estaba pasando allí? (Aparte de las leches que se estaba llevando el interfecto).
En ese momento el hombre le vio y
le imploró ayuda:
—Por favor, quíteme a esta mujer
de encima.
El Superhéroe hizo un rápido
movimiento hacia la mujer cuando ésta se volvió hacia él, más rápido aun,
soltándole tan tremendo bolsazo que lo tumbó.
— ¿Tú también quieres mi bolso?
Pues ven a por él. Si es que te atreves.
Atónito por el golpe y la
situación tan extraña le espetó: —Señora ¿qué está haciendo? Solo trato de
ayudar.
Lo miró con cara de pocos amigos
y le dijo:
— ¿Ayudar? ¿A quién? ¿A este
imbécil que ha tratado de robarme el bolso? y tú dices que vienes a ayudar.
¿Crees que necesito ayuda? ¿Ayuda de quién, de un hortera con mallas?
—A ver señora, que no hay que
faltar al respeto. Solo he venido a imponer orden y…
La mujer lo estaba asesinando con
la mirada por lo que el Superhéroe optó por callar mientras la observaba como
se recomponía el vestido antes de irse calle abajo. Estupefacto por lo que acababa de vivir se levantó aún
algo aturdido por el golpe mientras pensaba ¿qué coño llevaba esa mujer en el
bolso? Miró al pobre diablo y este le devolvió la mirada dándole un gracias que
casi no le salió del cuerpo. El Superhéroe estuvo a punto a decirle algo así
como “eres un gilipollas” pero se lo pensó. Para qué, si se había llevado la
paliza de su vida. Y se fue tratando todavía de poner algo de orden al momento
tan raro que acababa de vivir.