Estaba llegando a casa cuando casi se encuentra con ella, y con aquellos ojos que habían provocado una bofetada inmisericorde y la pérdida de un diente la noche anterior. Se escondió en un callejón, tenía que evitar que le viese vestido con el traje de superhéroe. Con aquella malla no quedaba muy sexy, e iniciar una conversación de esa guisa con alguien para tratar de salir como que no. Además, a ver cómo le explicaba que aquella sonrisa perfecta que la había impresionado habría de volver al consultorio con un diente menos. Y mira que le había gustado la doctora pero, jolines, qué difícil parecía todo. Como diría Tonino “Me cago en el amor”. Volvió a observarla y la vio entrar en un portal cercano y, entones, cayó en la cuenta: ¡Vaya, vaya! el Superhéroe y la doctora eran vecinos. La cosa parecía mejorar. Sí, pero que no te vea con el trajecito que la jodes.