lunes, 24 de agosto de 2020

Capítulo 8: Si libras no te metas.

¡Ay, por Dios! ¿Pero cuando iba a acabar aquello? Pensó el Superhéroe.  Solo quería pagar su compra e irse a casa. Pero aquel tipo berreándole a la pobre cajera del supermercado no estaba dispuesto a permitirlo. Lo que tenía que aguantar la mujer (y el Superhéroe) cada día. Tanto que, harta de la situación, había llamado a la policía. Y allí estaban todos, el follonero, la cajera, una pareja de la Policía Nacional, el Superhéroe  y una cola de gente esperando para pagar que casi llegaba al fondo del supermercado. La policía, también con una paciencia inmensa, trataban de hacer entrar en razón al descerebrado aquel, cuyo único plan en ese momento era llevarse por la cara una botella de whisky, de doce años nada menos (tonto que era el amiguete) y que aseguraba “alguien” le había metido en el interior del abrigo. Y ahora tocaba oír el “¿oiga, usted no sabe con quién está hablando?” del caradura,  el “cálmese caballero o nos lo llevamos esposado a comisaría” de la policía, o la cajera con el “jolines Eusebio, todas las semanas igual con el güiski. Voy a llamar a tu mujer a ver qué dice”. Pero el Superhéroe, que aún de incógnito no sabe lo que es librar, decidió intervenir. Se acercó disimuladamente al grupo del altercado, y cuando uno de los policías al verle trató de echarle el alto no se lo pensó y tal fue el bofetón a mano abierta que le metió al Eusebio que le dejó temblando y sordo de un oído; y del susto la botella de whisky fue al suelo haciéndose pedazos. En ese mismo momento se dio cuenta del tremendo desaguisado que acababa de provocar: se había ganado un paseíto en el coche patrulla junto al imbécil del Eusebio. Encima tendría que pagar el whisky, y como diría la canción “A ver si aceptan la cartilla del paro porque sino lo tenemos que robar”.