"Una, dos y tres. Una, dos y tres. Lo que usted no quiera, para El Rastro es..."
Así llevaba un rato largo.
Canturreando repetidamente en bajo en la fila del paro y cada vez más
desesperado mientras veía a la señorita funcionaria atender con desdén detrás
del mostrador. Necesitaba un mantra cada vez que iba allí para mantener su equilibrio
emocional. Estaba apuntado en las listas desde hacía tiempo y todavía no había
encontrado un trabajo estable. Era penosa la situación económica y la poca
utilidad de aquel organismo. También es verdad que su "otro" trabajo
no le permitía mucho; entre los horarios nocturnos tan movidos y aparecer con
la cara magullada demasiadas veces le llevaba a lo inevitable, la desconfianza
y el despido.
Por fin le llegó su turno. La
señorita funcionaria llamó al siguiente con pasotismo. El superhéroe
desempleado se acercó al mostrador, enseñó dientes a modo de sonrisa y entregó
la tarjeta. Cuando esta levantó la cabeza le miró como quien ve a un viejo
conocido, pero al que no se quiere ver, como diciendo “¿otra vez por aquí?
Tienes menos futuro que un cubito de hielo en el desierto”.
-¿Ha mirado las ofertas del
tablón? ¿Algo que añadir a su currículo?- dijo con voz mecánica
-Desgraciadamente las ofertas ya
están cubiertas y mi currículo “profesional” no ha variado en los últimos
meses, exactamente igual que le contesto todas las veces que vengo porque
apenas hay ofertas, ni cursos ni nada- contestó mientras pensaba ¡qué pena no
poder demostrar mis habilidades aquí! Iba a dejar esto vacío de incompetentes y
llenar urgencias con sus huesos rotos pero…
La señorita volvió a mirarle con
mayor desprecio si cabe y le soltó un hiriente “es lo que hay”.
-Pues entonces, sélleme la
tarjetita y me voy por donde he venido- Contestó de mala gana el Superhéroe.
Le devolvió la tarjeta sellada y
cuando se iba a marchar no pudo aguantarse, y mirándola con la mayor inquina
mencionó bajito algo de su padre y que se sacase un palo de no sé dónde… Y cuando
quiso darse cuenta los de seguridad le habían enseñado la salida “amablemente”.
Y a todo esto seguía sin trabajo
“oficial”.