lunes, 24 de agosto de 2020

Capítulo 7: En la Oficina del Paro.

"Una, dos y tres. Una, dos y tres. Lo que usted no quiera, para El Rastro es..."

Así llevaba un rato largo. Canturreando repetidamente en bajo en la fila del paro y cada vez más desesperado mientras veía a la señorita funcionaria atender con desdén detrás del mostrador. Necesitaba un mantra cada vez que iba allí para mantener su equilibrio emocional. Estaba apuntado en las listas desde hacía tiempo y todavía no había encontrado un trabajo estable. Era penosa la situación económica y la poca utilidad de aquel organismo. También es verdad que su "otro" trabajo no le permitía mucho; entre los horarios nocturnos tan movidos y aparecer con la cara magullada demasiadas veces le llevaba a lo inevitable, la desconfianza y el despido.

Por fin le llegó su turno. La señorita funcionaria llamó al siguiente con pasotismo. El superhéroe desempleado se acercó al mostrador, enseñó dientes a modo de sonrisa y entregó la tarjeta. Cuando esta levantó la cabeza le miró como quien ve a un viejo conocido, pero al que no se quiere ver, como diciendo “¿otra vez por aquí? Tienes menos futuro que un cubito de hielo en el desierto”.

-¿Ha mirado las ofertas del tablón? ¿Algo que añadir a su currículo?- dijo con voz mecánica

-Desgraciadamente las ofertas ya están cubiertas y mi currículo “profesional” no ha variado en los últimos meses, exactamente igual que le contesto todas las veces que vengo porque apenas hay ofertas, ni cursos ni nada- contestó mientras pensaba ¡qué pena no poder demostrar mis habilidades aquí! Iba a dejar esto vacío de incompetentes y llenar urgencias con sus huesos rotos pero…

La señorita volvió a mirarle con mayor desprecio si cabe y le soltó un hiriente “es lo que hay”.

-Pues entonces, sélleme la tarjetita y me voy por donde he venido- Contestó de mala gana el Superhéroe.

Le devolvió la tarjeta sellada y cuando se iba a marchar no pudo aguantarse, y mirándola con la mayor inquina mencionó bajito algo de su padre y que se sacase un palo de no sé dónde… Y cuando quiso darse cuenta los de seguridad le habían enseñado la salida “amablemente”.

Y a todo esto seguía sin trabajo “oficial”.