Después de una noche dando mamporros y con el trabajo bien hecho le encantaba llegar a casa, darse una ducha y tomar un buen desayuno. Más tarde daría una cabezada. Ahora atacaba su cruasán con mermelada mientras leía el periódico en la tablet. Una sonrisa fue apareciendo en su cara al ver los titulares. Por fin hablaban de él en primera página. El famoso enmascarado había vuelto a hacer de las suyas. Había conseguido que aquellos ladrones de ponnies enanos fuesen detenidos con las manos en la masa. Y, oye, está bien que le reconozcan a uno sus logros. Siguió leyendo el periódico hasta que algo llamó su atención. El periodista recogía diversos comentarios de varios testigos y todos comentaban lo mismo: qué gran superhéroe pero qué hortera. A quién se le habría ocurrido el diseño del traje.
A la mierda el cruasán. Ya le
habían dado el día.