sábado, 4 de enero de 2025

Capítulo 30 y último: Vicentico y Nina

Vicentico es el lotero del barrio. En realidad el despacho de lotería era de los padres, un negocio familiar de gente trabajadora y que alguna que otra vez había conseguido dar algún premio secundario, pero poca cosa. Lo que no sabían era cómo Vicentico se iba a encargar del negocio. Y el porqué de ese recelo era que el pobre no tenía muchas luces; verdad que era buena gente, trabajador y muy educado, pero poco más. Sus padres habían tratado de enseñarle todo cuanto sabían y podían porque eran conocedores de que su hijo no era cosa del otro jueves.

El Superhéroe echaba todas las semanas su boleto de la primitiva. Solo una apuesta y sencilla; un eurito, vaya. La cosa no estaba para tirar cohetes, pero y si sonaba la flauta... Y, mira por dónde, aquel día sonó, pero no la flauta; las trompetas. Por Thor y por Odín que sonaron.

La cara de Vicentico al ver el resultado que saltó en la maquinita al comprobar el boleto fue todo un poema. Miraba la máquina, miraba al Superhéroe, una y otra vez, y casi babeaba.

—Que me ha tocao —espetó el muchacho, y volvió a repetir —Que me ha tocao.

El Superhéroe le miró con cara extraña y le preguntó:

—¿Cómo que te ha tocado?

—El boleto, que está premiado —añadió totalmente fuera de sí. —Que me ha tocao.

El Súper con calma tensa le dijo:

—Quieres decir que me ha tocado a mí ¿no? Que mi boleto es el premiado ¿verdad?

—Sí, claro. Pero es que es la primera vez que doy un premio. Y es como si me hubiese tocado. Y qué premio. —Casi se le salían los ojos de la cara de la felicidad.

—Vamos a ver Vicentico ¿De cuánto estamos hablando? —preguntó mientras trataba de guardar la compostura.

—Míralo tú mismo. —Y giró el visor de la máquina.

El que tenía cara de poema ahora era el Súper. Vicentico le miró y soltó:

—Macho, tendrías que verte la cara ¡ja ja ja! Que pastón, tío. —Y salió del despacho corriendo para abrazarlo.

—Cuánto me alegro. Tú lo mereces; que eres del barrio, tío. Ya verás cuando se lo diga a todo el mundo... —Y en ese momento el Súper reaccionó.

—Espera, espera ¿cómo que vas a decírselo a todo el mundo? —exclamó con sorpresa.

—Hombre, es un notición y la primera vez que doy algo importante y...

—No —le soltó tajante —No puedes decírselo a nadie porque si no mi vida va a ser insufrible. Me va a conocer todo el mundo e imagínate la cantidad de gente que vendrá solo para ver qué pilla. Te lo pido por favor, no se lo digas a nadie ¿vale? —El chico se quedó como si le hubiese caído un jarro de agua fría. Para una vez que daba algo desde que estaba al frente del negocio.

El Súper se dio cuenta que no podía pedirle eso al muchacho, a fin de cuentas vivía de ello.

—Haremos una cosa. Puedes decirlo y anunciarlo porque sé que es algo muy importante para ti y tu negocio, pero bajo ningún concepto, repito, bajo ningún concepto debes decir que me ha tocado a mi ¿vale? Solo te pido eso. Y además, por supuesto, te invitaré a una buena comida ¿Ok?

Ante aquello el chico se relajó y sonrió al tiempo que contestaba:

—Voy a hacer un cartel ahora mismo para la entrada. Así voy a vender mucho más. —Y se fue a la trastienda corriendo mientras reía nervioso. La noticia había sido estupenda para ambos.

El Súper salió del despacho de lotería tratando de asimilar la buena nueva, que se resumía en poco y al mismo tiempo en todo: tenía la vida resuelta. Y ahora podría dedicarse a luchar contra el crimen a tiempo completo. A la mierda la oficina del paro. Ahora sería como Bruce Wayne, pero del barrio. Y sonrió por su ocurrencia al tiempo que en su cabeza retumbaba Nina Simone y todo su trompeterío en:

It's a new dawn

It's a new day

It's a new life for me

And I'm feeling good

I'm feeling good...



Hasta Siempre.

Toledo, diciembre de 2024

sábado, 28 de diciembre de 2024

Capitulo 29: Momentazo... o casi

Observaba desde lo alto y amparado en la oscuridad de la noche cómo iban sacando los cuerpos inconscientes de todos aquellos aspirantes a narcos. La policía llegó a la escena alarmada, supuestamente, por algún vecino ante la algarada que se había montado minutos antes.

Cada vez que sacaban a uno, el superhéroe se partía de la risa. Había repartido estopa a diestro y siniestro. Y no habían sido ni una ni dos... Qué de tortas había dado. Y a la porra toda la banda de traficantes. En un plis plas. Por fin había disfrutado. Y cómo lo había hecho. Y esta vez salió sin un solo hematoma. Hala, ya se podía ir a desayunar su cruasán con mermelada. Solo había algo que le tenía inquieto. Su nuevo traje de Superhéroe le había hecho un rozón en la entrepierna que se lo había dejado en carne viva. Así que, cuando se dirigía hacia casa, iba más espatarrado que un vaquero tras tres días a caballo. Pero, oye, cómo se había divertido.

sábado, 21 de diciembre de 2024

Capítulo 28: Navidad

Había decidido tomarse el día libre porque, qué leches, era Nochebuena. Cogió al cagoncete y lo sacó a la calle para que hiciera sus cosas. Así pasaría tranquilamente el resto del día. Iba pensando que ya era hora de ponerle un nombre al chucho. Habida cuenta de que había tratado de encontrar un hogar para él y había sido imposible, por lo que estaba claro que tendría que quedárselo. Y además bautizarlo, por supuesto. Alguno conocido tipo Pluto, Goofy, Rintintín... O de cine: Rocky, Toby, Rex... O musical como Ringo, Ozzy, Dylan... En fin ya se le ocurriría algo.

Por otro lado, la noche también se presentaba plácida. Cenaría con su nuevo amigo, solos los dos. Al menos este año tendría al perro. Y no era mala compañía. Cuando levantó la cabeza se dio cuenta de que alguien conocido venía de frente. Era la doctora con esa especie de caballo que tenía por perro. Y ya venía mirándole y con una sonrisa. Cuando llegó a su altura le dijo:

—¿Qué tal?¿te vas haciendo con el niño?

El Superhéroe se rio y le contestó que la cosa iba para largo. Nunca antes había tenido perro y estaba actuando sobre la marcha. Con todo, parecía que había conexión entre el cachorro y él, lo que no era poco. Así mismo, parecía que entre la doctora y el Super pudiera haber algo, pero ni siquiera quería pensarlo. Ella, mucha mujer; y él, muy complicado. Aún así había chispa. De hecho la conversación que aparentemente había surgido tan trivial se fue alargando, se contaban tontunas que gustaban a ambos, o directamente es que ambos se gustaban. En medio de aquello los perros empezaron a cansarse de estar allí parados y más con el frío que hacía.

—Parecen que estos dos quieren irse ya— dijo él sonriendo.

—Sí, ya es hora de recogerse— y se quedaron mirando sin decir palabra el uno al otro, hasta que ella rompió el silencio.

—¿Cómo se presenta la noche?¿Cenas con la familia, con amigos... con tu mujer?

Nuevamente el Super volvía a trabarse, como siempre en semejantes situaciones, al intentar explicar que ni familia, ni amigos ni, por supuesto, mujer; y su forma de hacerlo y los ademanes exagerados consiguieron arrancar una carcajada de ella.

—En fin, que no— remató él en un intento de dejar clara su perspectiva navideña. Ella lo miró más fijamente y le soltó a bocajarro:

—¿Quieres pasar la Nochebuena conmigo y Boris?

La cara de él era un poema, y soltó un:

—¿Pero a Boris le parecerá bien? No quiero molestar...

Nuevamente volvió a soltar una carcajada mientras le miraba a él y al perro hasta que el Superhéroe cayó en la cuenta:

—Boris es tu perro ¿verdad? —dijo bajito en un momento de trágame tierra.

Lo bueno de todo aquello es que a ella no le importaban sus embrollos lingüísticos, solo sabía que se encontraba a gusto con él. Así, que tras unos breves intercambios de frases tontas terminaron quedando para cenar, ella, él, Boris y el cagoncete. Solo esperaba que su amigo no hiciese de las suyas marcando territorio en plan salvaje. Aunque, en parte, gracias a él había conseguido una cita. ¡Qué cosas! Parecía un milagro de Navidad.

sábado, 14 de diciembre de 2024

Capítulo 27: Un Superhéroe desnudo

Lentamente iba volviendo en sí, aunque todo le daba vueltas. Su memoria reciente fue abriéndose paso entre los dolores que perforaban su cabeza dándose cuenta de lo que había pasado.

No vio venir a aquella mole, o mejor dicho no vio el puño de aquel espécimen acercarse a la velocidad de la luz, pero su cara lo sintió plenamente. Tras el puñetazo todo fue oscuridad y al despertar todo era dolor. Se fue incorporando para caer en la cuenta de que estaba casi como Dios lo trajo al mundo. Curiosamente no le habían quitado la mascara ¿Cómo era posible? (guiño al lector).

La cuestión es que se encontraba solo. Los delincuentes aparentemente habían huido. Y allí se hallaba él, solo y malherido. Y prácticamente en pelotas.

Lo primero era buscar algo que ponerse, no era cuestión de que le detuviesen por alteración del orden público. Ya lo que faltaba. Afortunadamente encontró un poco más allá, tendida en la ventana de un bajo, una pequeña manta. Algo es algo, pensó el Superhéroe. Se tapó con ella lo más que le permitía la prenda, que tampoco era mucho. Algo es algo, volvió a pensar.

Echó a andar tratando de no llamar mucho la atención, aunque a aquellas horas no había nadie por la calle, solo se escuchaba alguna voz lejana de alguien que se recogía. Llevaba un par de calles cuando al girar una esquina se encontró con un policía de vuelta de su guardia que se quedó sorprendido ante la visión de un tío vestido con una mantita y una máscara.

La primera reacción del Superheroe fue levantar los dedos índice y medio en señal de paz, pero en milésimas de segundo se dio cuenta de que aquel gesto en plan Ringo Starr no iba a servir absolutamente para nada, y le soltó tal bofetón al agente que se comió media pared de ladrillo dejándolo medio grogui, aprovechando el Superhéroe para salir por patas en medio de la oscuridad tal cual mendigo al que ha picado una abeja en sus partes. Qué difícil todo, pensó. No le había gustado pegar a un servidor de la ley como él pero no quedó otra. Era eso o una visita a la comisaría. Y a ver cómo lo explicaba. Así que ¡a la mierda!

sábado, 7 de diciembre de 2024

Capitulo 26: Un ruido en la noche

El ruido era raro. Algo que se arrastraba... o rozaba el suelo. Un sonido que se amplificaba en el silencio de la noche. Agudizó la vista y al fondo de la calle vio aparecer una persona. Era una chica portando un bastón, moviéndolo rítmicamente de izquierda a derecha delante de ella para evitar malos tropiezos. Ahora lo entendía. La chica avanzaba a buen ritmo, sorteando con habilidad todos los obstáculos que se interponían en su camino... Hasta que apareció el patán de marras.

-Hola guapa ¿dónde vas tan solita? -preguntó una voz desde las oscuridad.

La chica trató de no hacer caso y siguió adelante, pero la voz que había hablado salió de entre las sombras y se puso a su lado siguiéndola al tiempo que la iba escrutando. Ella aceleró el paso mientras le decía que la dejase en paz pero el maromo ni se inmutó siguiendo a lo suyo. Y fue cuando trató de meter mano en el bolso de ella cuando sucedió todo en una milésima de segundo. Se volvió hacia él, como si pudiese saber dónde estaba y cuales eran sus movimientos, y le asestó una sarta de golpes con el bastón que le dejaron en el suelo totalmente aturdido. Tras un instante, la chica respiró profundamente, se apañó la ropa, recolocó el bolso en su hombro, y como si no hubiese pasado nada continuó su camino dejando al hambre tirado.

El Superhéroe observó la escena con una sonrisa de satisfacción. Solo le faltó levantarse y aplaudir.

sábado, 30 de noviembre de 2024

Capitulo 25: Un héroe chafado 2

Menuda estancia en el hospital. Al final, ni allí había podido descansar de su "otro" trabajo. Realmente los primeros días no se enteró de nada, dada la alta fiebre que le mantuvo en cama. Pero según fueron pasando los días, y la medicación fue haciendo efecto, la mejoría fue considerable. Ya pudo levantarse de la cama, dar pequeños paseos por la habitación y pocos días después fue alargando sus deambulatorios. De hecho, cuando el personal de enfermería iba haciendo su última ronda y las luces del pasillo se iban apagando, le gustaba salir a dar un paseo arriba y abajo de la planta, disfrutar del silencio  del que se apoderaba el hospital (pese a algunos ronquidos) mientras hacía tiempo para ver si le entraba el sueño. Obviamente, todo el día allí encerrado sin hacer nada conllevaba que cuando llegaba la noche no había forma de dormir.

En esas se hallaba, pasillo arriba y pasillo abajo, ahora por aquí y ahora por allá, tratando de cansar el cuerpo otro poco antes de meterse en la cama, cuando de manera casual y casi imperceptible vio una sombra que salía de una habitación y entraba en otra. No le dio mucha importancia, probablemente alguien de ronda. Pero no mucho después otra vez y ya algo llamó su atención. Quien fuese iba con la ropa de paciente y ya había pasado por cuatro habitaciones. Se acercó sin hacer ruido y esperó a que saliese de la última en la que se había metido. Cuando apareció el supuesto fantasma se sobresaltó al encontrarse de frente con el Superhéroe. Ante él se encontraba una persona de mediana edad con cara de sorpresa y con los bolsillos de la bata a reventar, cuestión que no le pasó inadvertida. Ambos se miraron durante unos segundos, uno con cara de "me han pillado" y el otro con ganas de "te voy a dar de lo lindo". Lo que no se esperaba el Superhéroe es que el sorprendido saltase con un “te doy la mitad si te callas” y lo que el ladrón no vio venir fue la bofetada a mano llena que le soltó y que resonó en el silencio despertando a media planta. Inmediatamente se hizo la luz y aparecieron los sanitarios alertados por el ruido, encontrándose con una escena totalmente sorprendente: el ladrón en el suelo del pasillo con la cara como un tomate, sin saber por dónde le había venido el atropello y rodeado de todos los objetos de valor que había ido robando por las habitaciones. ¿Y el Superhéroe? Ni rastro, pero lo cierto es que ni allí podía descansar. A ver si le daban ya el alta prometido días antes y a otra cosa.

domingo, 24 de noviembre de 2024

Capitulo 24: Un héroe chafado 1

No lo vio venir. Increíble, pero no lo vio venir. Y eso que había podido con todos aquellos bandidos, maleantes, estafadores, mangantes... Había podido con aquellos mafiosos filipinos; con la banda de Johnny el largo y sus secuaces; con el increíble ladrón de guante blanco Pierre Besson... Pero con aquello no había podido porque, sinceramente, no lo vio venir. Así de sencillo. Todo se truncó inesperadamente. Su vida, su futuro inmediato con el perro, su posible y esperado futuro a medio plazo con...

La cosa fue así. Empezó a sentirse mal casi de pronto, y cuando quiso darse cuenta estaba ingresado por culpa de aquella nueva enfermedad que había golpeando el mundo y que él ya creía superada. Tuvo el tiempo justo de cerrar el piso en condiciones y traspasar el perro a la vecina de enfrente, la abuela que siempre se quejaba de que ponía la música a toda leche, o de que la despertaba cuando llegaba de madrugada de su "trabajo". Pero fue comprensiva. Aceptó el perro, aunque a regañadientes, y con la promesa de que solo serían unos días. Menos mal, porque si no, a ver qué hacía con el cagoncete. Es más que probable que su cara de enfermo dijese de él mucho más que sus propias palabras. El caso es que allí quedó todo: la casa, el perro, el superhéroe y la madre que lo parió.





Continuación. Escrito en diciembre de 2020.