Menuda estancia en el hospital. Al final, ni allí había podido descansar de su "otro" trabajo. Realmente los primeros días no se enteró de nada, dada la alta fiebre que le mantuvo en cama. Pero según fueron pasando los días, y la medicación fue haciendo efecto, la mejoría fue considerable. Ya pudo levantarse de la cama, dar pequeños paseos por la habitación y pocos días después fue alargando sus deambulatorios. De hecho, cuando el personal de enfermería iba haciendo su última ronda y las luces del pasillo se iban apagando, le gustaba salir a dar un paseo arriba y abajo de la planta, disfrutar del silencio del que se apoderaba el hospital (pese a algunos ronquidos) mientras hacía tiempo para ver si le entraba el sueño. Obviamente, todo el día allí encerrado sin hacer nada conllevaba que cuando llegaba la noche no había forma de dormir.
En esas se hallaba, pasillo arriba y pasillo abajo, ahora por aquí y ahora por allá, tratando de cansar el cuerpo otro poco antes de meterse en la cama, cuando de manera casual y casi imperceptible vio una sombra que salía de una habitación y entraba en otra. No le dio mucha importancia, probablemente alguien de ronda. Pero no mucho después otra vez y ya algo llamó su atención. Quien fuese iba con la ropa de paciente y ya había pasado por cuatro habitaciones. Se acercó sin hacer ruido y esperó a que saliese de la última en la que se había metido. Cuando apareció el supuesto fantasma se sobresaltó al encontrarse de frente con el Superhéroe. Ante él se encontraba una persona de mediana edad con cara de sorpresa y con los bolsillos de la bata a reventar, cuestión que no le pasó inadvertida. Ambos se miraron durante unos segundos, uno con cara de "me han pillado" y el otro con ganas de "te voy a dar de lo lindo". Lo que no se esperaba el Superhéroe es que el sorprendido saltase con un “te doy la mitad si te callas” y lo que el ladrón no vio venir fue la bofetada a mano llena que le soltó y que resonó en el silencio despertando a media planta. Inmediatamente se hizo la luz y aparecieron los sanitarios alertados por el ruido, encontrándose con una escena totalmente sorprendente: el ladrón en el suelo del pasillo con la cara como un tomate, sin saber por dónde le había venido el atropello y rodeado de todos los objetos de valor que había ido robando por las habitaciones. ¿Y el Superhéroe? Ni rastro, pero lo cierto es que ni allí podía descansar. A ver si le daban ya el alta prometido días antes y a otra cosa.