No lo vio venir. Increíble, pero no lo vio venir. Y eso que había podido con todos aquellos bandidos, maleantes, estafadores, mangantes... Había podido con aquellos mafiosos filipinos; con la banda de Johnny el largo y sus secuaces; con el increíble ladrón de guante blanco Pierre Besson... Pero con aquello no había podido porque, sinceramente, no lo vio venir. Así de sencillo. Todo se truncó inesperadamente. Su vida, su futuro inmediato con el perro, su posible y esperado futuro a medio plazo con...
La cosa fue así. Empezó a sentirse mal casi de pronto, y cuando quiso darse cuenta estaba ingresado por culpa de aquella nueva enfermedad que había golpeando el mundo y que él ya creía superada. Tuvo el tiempo justo de cerrar el piso en condiciones y traspasar el perro a la vecina de enfrente, la abuela que siempre se quejaba de que ponía la música a toda leche, o de que la despertaba cuando llegaba de madrugada de su "trabajo". Pero fue comprensiva. Aceptó el perro, aunque a regañadientes, y con la promesa de que solo serían unos días. Menos mal, porque si no, a ver qué hacía con el cagoncete. Es más que probable que su cara de enfermo dijese de él mucho más que sus propias palabras. El caso es que allí quedó todo: la casa, el perro, el superhéroe y la madre que lo parió.