sábado, 14 de diciembre de 2024

Capítulo 27: Un Superhéroe desnudo

Lentamente iba volviendo en sí, aunque todo le daba vueltas. Su memoria reciente fue abriéndose paso entre los dolores que perforaban su cabeza dándose cuenta de lo que había pasado.

No vio venir a aquella mole, o mejor dicho no vio el puño de aquel espécimen acercarse a la velocidad de la luz, pero su cara lo sintió plenamente. Tras el puñetazo todo fue oscuridad y al despertar todo era dolor. Se fue incorporando para caer en la cuenta de que estaba casi como Dios lo trajo al mundo. Curiosamente no le habían quitado la mascara ¿Cómo era posible? (guiño al lector).

La cuestión es que se encontraba solo. Los delincuentes aparentemente habían huido. Y allí se hallaba él, solo y malherido. Y prácticamente en pelotas.

Lo primero era buscar algo que ponerse, no era cuestión de que le detuviesen por alteración del orden público. Ya lo que faltaba. Afortunadamente encontró un poco más allá, tendida en la ventana de un bajo, una pequeña manta. Algo es algo, pensó el Superhéroe. Se tapó con ella lo más que le permitía la prenda, que tampoco era mucho. Algo es algo, volvió a pensar.

Echó a andar tratando de no llamar mucho la atención, aunque a aquellas horas no había nadie por la calle, solo se escuchaba alguna voz lejana de alguien que se recogía. Llevaba un par de calles cuando al girar una esquina se encontró con un policía de vuelta de su guardia que se quedó sorprendido ante la visión de un tío vestido con una mantita y una máscara.

La primera reacción del Superheroe fue levantar los dedos índice y medio en señal de paz, pero en milésimas de segundo se dio cuenta de que aquel gesto en plan Ringo Starr no iba a servir absolutamente para nada, y le soltó tal bofetón al agente que se comió media pared de ladrillo dejándolo medio grogui, aprovechando el Superhéroe para salir por patas en medio de la oscuridad tal cual mendigo al que ha picado una abeja en sus partes. Qué difícil todo, pensó. No le había gustado pegar a un servidor de la ley como él pero no quedó otra. Era eso o una visita a la comisaría. Y a ver cómo lo explicaba. Así que ¡a la mierda!