—Sí, señora Remedios, tiene usted razón. Pero comprenda que me tocó trabajar de noche y...
—Si hijo, lo que quieras pero el perrito
no ha parado de ladrar, y claro...
—Efectivamente, le pido
disculpas. Trataré de ver qué hacer al respecto.
El superhéroe cerró la puerta del
piso tras la charla con la vecina. Esto no podía ser así. La noche había sido
dura en su lucha contra el crimen. Había llegado a casa cansado, magullado y de
mal humor; en el buzón había encontrado un requerimiento de hacienda; y ahora
la señora Remedios dándole la murga con el perro... Y cuando miró hacia la
cocina y lo vio destripando su zapatilla... Esto no podía seguir así. Ser
superhéroe para esto.