Había decidido tomarse el día libre porque, qué leches, era Nochebuena. Cogió al cagoncete y lo sacó a la calle para que hiciera sus cosas. Así pasaría tranquilamente el resto del día. Iba pensando que ya era hora de ponerle un nombre al chucho. Habida cuenta de que había tratado de encontrar un hogar para él y había sido imposible, por lo que estaba claro que tendría que quedárselo. Y además bautizarlo, por supuesto. Alguno conocido tipo Pluto, Goofy, Rintintín... O de cine: Rocky, Toby, Rex... O musical como Ringo, Ozzy, Dylan... En fin ya se le ocurriría algo.
Por otro lado, la noche también se presentaba plácida. Cenaría con su nuevo amigo, solos los dos. Al menos este año tendría al perro. Y no era mala compañía. Cuando levantó la cabeza se dio cuenta de que alguien conocido venía de frente. Era la doctora con esa especie de caballo que tenía por perro. Y ya venía mirándole y con una sonrisa. Cuando llegó a su altura le dijo:
—¿Qué tal?¿te vas haciendo con el niño?
El Superhéroe se rio y le contestó que la cosa iba para largo. Nunca antes había tenido perro y estaba actuando sobre la marcha. Con todo, parecía que había conexión entre el cachorro y él, lo que no era poco. Así mismo, parecía que entre la doctora y el Super pudiera haber algo, pero ni siquiera quería pensarlo. Ella, mucha mujer; y él, muy complicado. Aún así había chispa. De hecho la conversación que aparentemente había surgido tan trivial se fue alargando, se contaban tontunas que gustaban a ambos, o directamente es que ambos se gustaban. En medio de aquello los perros empezaron a cansarse de estar allí parados y más con el frío que hacía.
—Parecen que estos dos quieren irse ya— dijo él sonriendo.
—Sí, ya es hora de recogerse— y se quedaron mirando sin decir palabra el uno al otro, hasta que ella rompió el silencio.
—¿Cómo se presenta la noche?¿Cenas con la familia, con amigos... con tu mujer?
Nuevamente el Super volvía a trabarse, como siempre en semejantes situaciones, al intentar explicar que ni familia, ni amigos ni, por supuesto, mujer; y su forma de hacerlo y los ademanes exagerados consiguieron arrancar una carcajada de ella.
—En fin, que no— remató él en un intento de dejar clara su perspectiva navideña. Ella lo miró más fijamente y le soltó a bocajarro:
—¿Quieres pasar la Nochebuena conmigo y Boris?
La cara de él era un poema, y soltó un:
—¿Pero a Boris le parecerá bien? No quiero molestar...
Nuevamente volvió a soltar una carcajada mientras le miraba a él y al perro hasta que el Superhéroe cayó en la cuenta:
—Boris es tu perro ¿verdad? —dijo bajito en un momento de trágame tierra.
Lo bueno de todo aquello es que a ella no le importaban sus embrollos lingüísticos, solo sabía que se encontraba a gusto con él. Así, que tras unos breves intercambios de frases tontas terminaron quedando para cenar, ella, él, Boris y el cagoncete. Solo esperaba que su amigo no hiciese de las suyas marcando territorio en plan salvaje. Aunque, en parte, gracias a él había conseguido una cita. ¡Qué cosas! Parecía un milagro de Navidad.